Información importante para el familiar o interesado
Muchas personas de edad avanzada, además del lógico deterioro físico, experimentan cambios notables de conducta que dificultan las cosas para ellos mismos y para aquellos con quienes conviven o tienen que cuidarlos.
Su habilidad y disposición para acomodarse a las alteraciones está disminuida. Se sienten cada vez más incapacitados de valerse por ellos mismos, más solos, y tienen la sensación (aun aquellos que tienen familiares atentos y cariñosos) de que ya no se ocupan tanto de ellos.
Muchos se apartan de la vida externa, se aíslan y cambian sus hábitos, incluso de higiene personal. Se vuelven más irritables y celosos de otros miembros familiares.
Resulta fácil que los familiares desarrollen un sentido exagerado de protección, especialmente con aquellos con alguna forma de invalidez, inaptitud o duelos por pérdida de familiares o amigos; así se acostumbran paulatinamente a que se les diga todo lo que tienen que hacer y cómo hacerlo, hasta el punto de volverse incapaces de utilizar su autosuficiencia y decidir por sí mismos.
La gran mayoría no tienen conciencia de estas alteraciones de conducta. Es importante consignar que todos los trastornos deben ser tomados muy en cuenta por todos los familiares, ya que el tiempo transcurrido los vuelve muy difíciles de revertir. Muchos de los residentes llegan con una valija de pesares, que tiene que ver con la separación de la familia y del hogar, el cual, aunque no ideal, representa un mundo creado a su alrededor.
Por todo ello, al ingresar la persona a la residencia, su familia o interesados sufren un sentimiento de pérdida, culpa o desasosiego, aun en el caso de que se ocupen con afecto, dedicación y esfuerzo económico a encontrar el mejor lugar para su familia; por otro lado, el residente experimenta en mayor o menor grado una etapa de desajuste debida al cambio a un ámbito nuevo que le es desconocido, y que muchas veces se traduce en actitudes negativas hasta el momento de su adaptación: aislamiento, se alimenta menos, rechaza los medicamentos, permanece mucho tiempo en su habitación, descuida su apariencia.
Las residencias conocen esta situación y están preparadas para afrontarlas con la mejor solución para el nuevo huésped. Pero de cada individuo, de su historia y personalidad, dependerá un corto camino hacia una estancia feliz y cuidada.
En nuestro caso, la contención en esta etapa se orientará a conocerlo, dedicarle especial afecto y control, ayudándole a canalizar su tiempo libre en tareas que su estado físico y psíquico le permitan.